“Lo cotidiano también merece ser amado”
Este mazo nació mirando algo tan simple como una mesa servida para la once. Pan, tazas, alguien cansado, alguien en el celular, alguien hablando de cualquier cosa, alguien en silencio. Y la intuición de que, si ahí hubiera un pequeño empujón, podrían ocurrir conversaciones que cambien la forma de vivir juntos.
La Casa que Somos está pensado para la convivencia diaria: para familias que comparten techo y quieren compartir algo más; para parejas que quieren revisar cómo se tratan; para casas donde viven varias generaciones; para aquellos hogares en que se siente que hay cariño, pero la rutina lo va tapando. No funciona desde lo solemne, sino desde lo cercano: se juega mientras se toma té, mientras se come algo rico, mientras la vida sigue.
Las cartas invitan a hablar de cómo nos sentimos en casa: si nos sentimos vistos o pasamos desapercibidos, si nos sentimos escuchados o interrumpidos, si nos sentimos libres o controlados. Preguntan qué gestos pequeños nos hacen bien y cuáles nos lastiman, qué cosas apreciamos mucho y nunca hemos dicho, qué momentos del día podrían ser un poquito más amables si hiciéramos un cambio muy simple. A veces basta con preguntar “¿en qué momento del día te sientes más solo en esta casa?” para abrir una puerta que llevaba años cerrada.
Este mazo también ayuda a revisar los acuerdos invisibles: quién hace qué, cómo se reparte el cuidado, cómo se manejan los conflictos, cómo se piden disculpas, cómo se reconocen los esfuerzos. No busca que la casa sea perfecta, busca que sea más consciente. Que cada persona pueda decir “para mí sería importante que…” y que eso sea escuchado.
La Casa que Somos es, en el fondo, una invitación a reconciliarnos con lo cotidiano. A entender que la vida no son solo grandes momentos, sino la forma en que nos hablamos todos los días. Y que una pregunta, en medio de una once cualquiera, puede cambiar la manera en que nos miramos.




















Daniela Carvajal sanchez –
Lindo juego para compartír con la familia desde los niños hasta los adultos, se comparte entre risas y valores